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Carlos Cano : Biografía
Biografía de Carlos Cano

Carlos Cano, cantante, nació el 28 de enero de 1946 en Granada, donde falleció el 19 de diciembre del 2000.

La vida no le regaló sino lo que sus ganas de vivir le pedían: una ocasión para mostrar su sentido lírico y solidario. Lo mostró en los numerosos discos de los últimos años, pero un 19 de diciembre de 2000 su corazón le traicionó, allá en su Granada natal, ciudad que le vió por primera vez en 1946, quebrándose con la debilidad de la mejor copa de cristal.

Carlos Cano pensaba que la fe en la copla mueve montañas. Él, que se había visto renacido en Nueva York tras su primera operación, comenzó a cantar en la universidad, con voz trémula y memoria familiar republicana en 1969. No en vano, su abuelo había sido fusilado justo al término de nuestra guerra civil.

Aún así, Carlos no decide dedicarse a la canción hasta tres años después, animado por gente como Lluís Llach y Enrique Morente. Había firmado ya para entonces el "Manifiesto Canción del Sur", junto al cantante Antonio Mata y Juan de Loxa, entre otros artífices del grupo Poesía 70. También había dado ya su primer recital a solas en la Casa de las Américas. Pero más importante aún fue que tuviera puesta música a las casidas "De la Muchacha Dorada" y "De las Palomas Oscuras", de Lorca. De ahí que la UNESCO reclamase su presencia en el tributo al poeta que organizó en París en 1972. Por aquel acto, Arias Navarro, desde la Alcaldía de Madrid, le declaró persona non grata.

Carlos Cano optó, con 26 años, por ser cantante. Sin embargo, hubo de ganarse antes la vida como mozo de hotel en Suiza, trabajando en la imprenta germana del Der Spiegel, como marinero en el puerto de Rotterdam y con aparejos de albañil en Barcelona. Todo ello después de haberse estrenado como compositor de canciones, con la titulada "Miseria", y una vez educado en las tonadas de juglares americanos como Bob Dylan y compiladores poéticos de la resistencia antifranquista como Paco Ibáñez.

De 1976 data su primera grabación: "A Duras Penas", en clara sintonía con el andalucismo militante de la época. De ahí que, un año después, "La Murga de los Currelantes", incluida en el disco "A la Luz de los Cantares", terminara ofreciendo la lectura social más incisiva de nuestra transición política vista desde el Sur. Curtido en la emigración, estaba ya orientado hacia su carrera musical, tras dejar atrás tímidos estudios de maestría industrial y arquitectura de interiores.

A partir de ese momento, Carlos Cano entraría con nombre propio en la escena de nuestra canción concienciada, a caballo de un sonido con raíces. Y la prueba de ello estuvo en la lírica arábigo andaluza de sus "Crónicas Granadinas" (1978).

"De la Luna y el Sol" y "El Gallo Morón" fueron los siguientes trabajos hasta el año 1981, que ampliaba el punto de vista del folclore andaluz, derivando hacia el sinfonismo.

La gran reflexión artística de Carlos Cano llegó en 1983, con el disco "Si Estuvieran Abiertas Todas las Puertas", en el que comenzó a reivindicar el valor de la vida cotidiana, con humanidad a prueba de ideologías, frente a las banderas grandilocuentes. Un trabajo al que siguió su "Cuaderno de Coplas" (1985) donde se incluían sus famosas "Habaneras de Cádiz" que tendían puentes armónicos entre las dos orillas atlánticas de habla española.

Sendos homenajes a Luis Cernuda y a Miguel de Molina presidirían, respectivamente, entre 1986 y 1988, los lanzamientos de "A Través del Olvido" y "Luna de Abril". Entre ellos se inserta la primera grabación de "María la Portuguesa" (dedicada a la cantante de fados Amalia Rodrígues), uno de los clásicos de Carlos Cano más versionados. Y es que, al referirnos a él, estamos teniendo en cuenta a uno de nuestros cantautores más prolíficos, apasionados y voluntariosos, capaz incluso de editar el álbum titulado "El Color de la Vida" (1996) al año de haber sido intervenido del corazón en Nueva York. De hecho, el cantautor nos había regalado un buen puñado de grabaciones más: "Ritmo de Vida" (1989), "Carlos Cano: En Directo" (1990), "Mestizo" (1992), "Forma de Ser" (1994) y "Algo Especial" (1995), en las que puso de manifiesto su toma de posiciones a favor del calor armónico y humano del hemisferio sur, así como su fuerza expresiva como artista de directo.

La versión austera de "La bien pagá" que dejó inmortalizada precedió a su paso por el quirófano del Hospital Monte Sinai en 1995.

Después, aún quedaban por venir su última revisión personal de otros títulos eternos de la copla (Antonio Vargas Heredia, No te llames Dolores, Ojos verdes) y su nueva aportación a los tributos lorquianos. Una superproducción en la que derrochó esencias acústicas sobre los versos del Diván del Tamarit y para la que contó con la Orquesta Filarmónica de Londres, el Orfeón Donostiarra, Paco Ibáñez, Santiago Auserón e incluso la voz del diestro Curro Romero.

Hasta ese momento, hasta la edición de "Diván de Tamarit" y de los dos álbumes que continuaron su trayectoria, "La copla, Memoria Sentimental" (1999) y "De lo Perdido y Otras Coplas" (2000), los electrocardiogramas que se le practicaban a Carlos Cano, ya periódicamente, no reflejaban nada alarmante.

Nadie podrá poner, sobre su cuerpo o su memoria, más bandera ideológica que la de la libertad. Era un hombre de izquierdas, pero sin militancia política que le impidiera razonar con talante conservador y anarquista a partes iguales.

El 22 de noviembre actuaría por última vez en público, durante una fiesta de la Sociedad General de Autores en el madrileño Círculo de Bellas Artes.

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