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Discografía
Carátula de 'La Vida a mi Manera', María Jiménez (2020)La Vida a mi Manera
Universal Music, 2020
Carátula de 'Bambino, por Ti y por Nosotros', María Jiménez (2004)Bambino, por Ti y por Nosotros
BMG Music Spain / RCA, 2004
Carátula de '...Entre Todas las Mujeres', María Jiménez (2003)...Entre Todas las Mujeres
BMG Music Spain, S.A., 2003
Carátula de 'Donde Más Duele. Canta por Sabina', María Jiménez (2002)Donde Más Duele. Canta por Sabina
MUXXIC Records, S.A., 2002
4 discos.
María Jiménez
InformaciónBiografíaDiscografíaZona TV
Biografía

Se aceleraba el año 1976 y España quería soltarse el pelo. Se salía del túnel infinito del franquismo y, a pesar de las incertidumbres, dominaban las ansias de vivir, los deseos de gritar fuerte y experimentar lo prohibido. Empezaba la era del destape: se llenaban teatros y cines para presenciar un fugaz desnudo femenino.

El año anterior, había despegado un productor visionario, Gonzalo García-Pelayo, también locutor y cineasta, que fundó el sello Gong para publicar rock autóctono, cantautores y flamencos, un abanico entonces impensable. García-Pelayo era bastante menos puritano que su público. Igual que Sam Phillips, el descubridor de Elvis Presley, que había soñado con encontrar "un blanco que cantara como los negros", García-Pelayo comprendió que había que dar cancha a una mujer española que expresara la voluntad general de emancipación, una cantante que mandara crónicas no censuradas desde el campo de batalla del amor.

Y encontró a María Jiménez, trianera de 1950, veterana de tablaos de Barcelona, Madrid y Sevilla. Las enseñanzas de una vida dura -era madre soltera, algo que entonces estigmatizaba- sumadas a un explosivo temperamento artístico daban como resultante una energía furiosa que sólo esperaba ser canalizada. María materializó un repertorio insólito, cantes festeros realizados a partir de grandes clásicas latinoamericanas, finos temas de cantautor y amorosas piezas hechas a su medida. García-Pelayo puso a su disposición a insignes tocaores como Enrique de Melchor y Paco Cepero más los arreglos de Gualberto García, José Miguel Évora, Eduardo Leiva, Carlos Montero, Jony Galvao o Carlos Cárcamo. Se trataba, recuerda el productor, de discos muy ensayados, clavados en compás, vestidos con mimo.

Pero era la intuición visceral de María lo que elevaba sus discos a la categoría de arte candente. Arte para escenificar los dramas de José Alfredo Jiménez. Arte para incendiar los esbeltos versos de Amancio Prada. Arte para desgranar esa obra maestra del erotismo que es Háblame en la Cama sin caer en la chabacanería.

Aparecían muchas audacias en los LPs que María Jiménez grabó para la compañía Fonomusic. Cuando se editó en primavera de 2000 la recopilación 40 Grandes Canciones, más de uno pensó en rescatar a María del limbo de los personajes de papel couché y reivindicarla -en España siempre hay que estar reivindicando, que somos criaturas ingratas con memoria floja- como una de las máximas intérpretes nacionales del final del siglo XX.

Resulta que nadie había rellenado el hueco dejado por María Jiménez: el trono de la cantante pasional que enseñó a amar a muchos españoles de ambos sexos, la artista que puso voz a sentimientos femeninos demasiado tiempo reprimidos.

Los acontecimientos posteriores, muy dulces y muy agrios, favorecerían esa recuperación. María tenía mucho por cantar. Cantar alto y claro, con la fuerza acumulada en esos años en que se autoconvenció de que su tiempo ya había pasado.

Gloria presente

En el 2000, María Jiménez agradecía los piropos cosechados por 40 grandes canciones, pero aseguraba que "el gusanillo está bien enterrado". Exageraba, claro: el bicho volvería a sacar la cabeza y en la compañía más insospechada. Lichis, de La Cabra Mecánica, tenía un tema matador, La Lista de la Compra, y necesitaba una voz femenina para el estribillo. Un poco acojonado, Lichis se acercó a María. Ella nada sabía del grupo pero asintió y llegó como una reina al estudio: "traedme una botella de Johnny Walker etiqueta negra y os canto lo que queraís".

¡Y cómo cantó!."La lista de la compra" dio el impulso definitivo a la carrera de La Cabra. A María, le permitió comprobar que había otro público, juvenil y alborotado, que tal vez no conocía mucho de su currículum pero que conectaba inmediatamente con su arte de rompe y rasga. Gonzalo García-Pelayo, que había vuelto a visitar el chalet familiar de María en los alrededores de Madrid, puso el cebo. Muy tentador: el plan inicial era un disco que fuera desde las rancheras de José Alfredo Jiménez hasta las canciones de Joaquín Sabina.

De repente, María conectaba visceralmente con las coplas de Sabina. Con su verbosidad, su romanticismo de perdedor en amores, su huella de lo vivido, sus gentes y lugares tan próximos… Sabina había escrito el guión para una película que María se iba a ver obligada a protagonizar.

Cuando María repasaba la preselección de joyas canallas de Sabina, saltaba entre el asombro y el deleite: "¡pero si esto parece hecho a la medida para mí!". Un descubrimiento que luego ratificaría el propio autor, igualmente pasmado al sumergirse en las versiones marianas: "claro, claro, así era la canción tal como yo la escribí".

Las canciones sabinianas renacieron como rumbas y bulerías. Por la magia de un equipo entregado, donde estaban veteranos de las grabaciones clásicas, desde el palmero Enrique Pantoja al tocaor Enrique de Melchor. Se sumaron las Heredia, el bajista Antonio Maca, el guitarrista Gerardo Núñez, el acordeonista Cuco Sánchez y hasta el pianista Joaquín Pareja-Obregón. Todos ellos flamenquizaron el mundo de Sabina y, lo más importante, esculpieron el púlpito para que María sacara lo que llevaba dentro: desgarro, rabia, añoranza, ternura, odio, amor.

Gente bien nacida, al disco se sumaron las voces de Joaquín y Lichis. Y los hermanos Muñoz, alías Estopa, que -literalmente- pasaron por allí y se apuntaron con inmenso deleite. Y pasmo ante la mujer valiente, que respetaba el sexo del protagonista de las historias sabinianas, aún a riesgo de excitar las maledicencias.

También hubo audacias instrumentales. Los arreglistas Hugo Westerdahl y Mané Larregla añadieron guitarras a lo Robert Fripp y ambientes digitales. Atención, no busquen falsedad en esos detalles: resulta que, para María, el tema favorito de Donde Más Duele es precisamente el que contiene más manipulaciones electrónicas, Ruido.

Donde más duele no es un artefacto fashion, no sirve como combustible para estetas de lo cutre y amantes de los excesos, verdaderamente no resulta apto para seres de sangre fría. Aquí hay verdad dolorida, pasión de muchos quilates, sólo apta para gente que se arriesga a gozar y que acepta sufrir si las cartas vienen mal dadas. Medicina para la frigidez del siglo XXI. Tómenla ya. Solos o -mejor- en compañía.

Gecko Turner, un sonido particular e impredecible
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